Zapatero, diez años de mandato.
El PSOE conmemora hoy jueves 22 de julio de 2010 el décimo aniversario de su 35 Congreso Federal, en el que fue elegido como secretario general José Luis Rodríguez Zapatero.
En un acto sobrio, en el que se espera a unos 130 asistentes, entre ellos todos sus equipos personales y de gobierno, así como miembros de sus Comisiones Ejecutivas Federales, reivindicará su trayectoria durante estos 10 años.
Un acto triste, en el que sólo se oirá el discurso del propio Zapatero, consecuente con la deriva desconfiada y egocéntrica que ha tomado la personalidad del Presidente en los últimos años, tal y como ya ha publicado uno de sus ex ministros, Jordi Sevilla en un reciente libro. Zapatero habla, lo demás callan, pero … ¿ escuchan…?
Diez años perdidos, desde aquél 22 de Julio de 2000 en el que, un joven desconocido para todos, incluso apuesto para algunos, líder de un nuevo movimiento en el seno del PSOE, la Nueva Vía, se convirtió, para sorpresa de todos, en Secretario General del partido, que atravesaba en esos momentos la peor crisis del socialismo español en mucho tiempo, al alzarse con el triunfo en el 35 Congreso Federal, “adelantando al sprint” a guerristas y renovadores, que no se dieron mucha cuenta de lo sucedido, enfrascados como estaban en sus luchas intestinas.
En la declaración de principios de su proyecto, Zapatero proclamó lealtad a las raíces y al pasado del PSOE, defendió un partido «ágil, dinámico y moderno», con autoridad, pero sumando «las capacidades de todos». Al final, todo ha quedado en agua de borrajas cantos de sirena que, en otros escenarios, con otros tenores habrían consolidado una nueva política socialista en España, pujante e innovadora, impulsada por la bonanza económica y lo conseguido en los años de prosperidad, pero que, tras la interpretación de este segundón de la copla, ha quedado en nada, o aun peor, en todo lo contrario.
Comenzó con Zapatero una etapa en la historia española que seguramente será recordada, y no con agrado, por generaciones y generaciones de españoles que culparán a este Presidente de los problemas que él ha creado con sus numerosos errores o contribuido a crear gracias a una personalidad que, tras la coraza aterciopelada del talante, el diálogo y las buenas formas políticas que propugnaba en los primeros momentos, se escondía, como el tiempo ha venido a demostrar, una persona insegura e insatisfecha, un revolucionario con el punto de mira desviado, un reaccionario de salón de té tan complaciente con los suyos como iracundo, desdeñoso y despiadado con quienes no opinan como él.
Si de algo ha hecho gala Zapatero es de jugar como nadie al despiste, incluso ya desde el mencionado trampolín del 35 Congreso Federal del partido, engañando a propio s y extraños con esa sonrisa suya, a medio camino entre bobalicona y paternalista, proponiendo soluciones erróneas a problemas inexistentes, de manera que, a la chita callando, el estadista de la alianza de civilizaciones, quién propugna la unión y comunión de todos los pueblos, es quién más empeño ha puesto en dividir al suyo propio, creando y reavivando viejas heridas y controversias varias, de manera que hoy por hoy, su estrategia es clara, salvar el mundo “a su manera” aunque para ello tenga que sacrificar su propio país.
Afortunadamente, ya casi nadie duda de la personalidad de 77º Presidente del Gobierno de España, ni dentro ni fuera de ella y por ello esta conmemoración llega en mal momento, aunque esta definición (mal momento) no será aceptada por quienes, como yo, consideran que desde su elección como Secretario General del PSOE, España estaba destinada a una sucesión ininterrumpida de malos momentos de la mano de este político que, a corto o medio plazo, no tiene visos de cambiar ni de terminar.
Zapatero atraviesa un mal momento, si, en plena crisis de gestión de la otra crisis, es decir, la económica, con su figura y la de su partido, al que arrastra con él, bajando enteros a velocidad de vértigo en las encuestas, y viendo peligrar incluso feudos tradicionalmente socialistas de la geografía española, como Andalucía o Extremadura, con sus propios compañeros cuestionándole a escondidas, habiendo dilapidado todo lo ganado en los años de buena gestión y bonanza económica en las más variopintas y disparatadas cuestiones, con una tasa de paro a todos los niveles que alarma al resto de Europa y el mundo, dónde muchos de sus dirigentes han hecho el vacío a nuestro Presidente, y con él a todos nosotros, tanto en las cumbres europeas ¡incluso durante el periodo de su mandato de turno!, como en las internacionales del G-20, dónde somos meros espectadores-aplaudidores con la única misión de calentar la silla, todo ello debido a la poca credibilidad que les merecen las alternativas y proposiciones económicas y sociales de un individuo que, en pocos años, ha pasado de menospreciar la bandera de una potencia como Estados Unidos a implorar un apretón de manos de su Presidente por los pasillos de medio mundo. Patético.
Él, que tanto criticó a Aznar por su amistad con Bush, qué poco tardó a acudir a su lado para que le pasase la mano por el lomo, mientras prometía, para sus adentros, que de una muestra de bondad americana, se derivaría vasallaje eterno y entregado por su parte. Nunca lo consiguió. Menudos son los americanos para eso, y lo comprendo.
Con él, en el mismo lapso de tiempo, España ha pasado de potencia económica y asombro del resto del planeta a amigo incómodo y gorrón que se cuela en las cocinas europeas para arrimarse a la mesa, sin aportar otra cosa que disparates, chistes sin gracia, humo y fuegos de artificio.
Diez años, señores, diez años de la historia de España que, en un ejercicio de benevolencia vamos a definir como tiempo perdido y que, desde luego, no se arreglan endosando a Mariano Rajoy y su partido los argumentos políticamente inútiles e infundados que, a buen seguro oiremos cada vez con más fuerza de aquí a las próximas elecciones generales ahora que ya está casi todo perdido y sólo queda el recurso a la batalla descarnada, el insulto, el miedo y la amenaza para conservar la poltrona y hundir más, si cabe, al país. Más de lo mismo en las filas socialistas, nada nuevo a la sombra de la rosa.
Nos pasa lo que nos pasa…, y parece que nos gusta que nos pase…


















Este tiene los dias contados, y sino al tiempo. ya no lo creen ni en su propio partido y se lo quieren quitar de encima cuanto antes