Igual da…
En estos tiempos de crisis galopante ponemos atención en cosas que otrora, cuando las vacas eran gordas ni nos fijábamos. Eso es precisamente lo que ocurre con la evidencia de que sobran ministerios. Además es obvio y conocido que los que sobran lo hacen por ineficacia (vivienda), por desdoblamiento costoso e inútil de funciones (Ciencia e Innovación), por constituir sólo un retiro dorado en agradecimiento de los servicios prestados (Política territorial) o por haber perdido definitivamente el rumbo, la orientación y la chaveta, si es que alguna vez la tuvo, tal es el caso del Ministerio de Igualdad.
Y es que un servidor, toda la vida de Dios ha reverenciado la palabra Ministerio como algo digno de respeto y consideración, como el arcano, situado en lo más alto del poder más poderoso del que emanaban las decisiones que, para bien o para mal, más tarde o más temprano, afectaban a nuestras vidas.
Ni que decir tiene que esas decisiones eran siempre de una envergadura e importancia tal que sólo los más capaces podían llegar a entender y criticar unas acciones y decisiones que, para la mente del niño que yo era cuando los Ministerios eran Ministerios, constituían la razón de ser del Estado y, como tales, la sola evidencia de su complejidad ya infundía respeto.
Ahora he crecido, por lo menos en edad, y contemplo con desolación como el mito ministerial ha caído estrepitosamente convirtiendo en palos del sombrajo lo que un día fue Palacio de Gobierno a base legislación de brocha gorda y disparate bajando tanto el listón, que hasta los niños de primaria son capaces de entender hacia dónde nos lleva este tinglado de adoctrinamiento progresista que hace ya tiempo se quitó la máscara de caperucita para dejar bien a las claras que es un lobo, voraz, despiadado y analfabeto.
La comparación con el cuento de Caperucita me viene al pelo, porque por ahí vienen los tiros que me han movido a escribir estas líneas, motivadas por la inquietud desparpajo y franca productividad de la Ministra de Igualdad Bibiana Aido, autora de varias perlas que serán recordadas durante generaciones de españolitos, miembros y miembras de una sociedad cada vez más igual y cada vez más lerda y que, si no fuera por lo vano y poco útil de su trabajo, merecería, sin duda, un puesto de honor entre los miembros del Gobierno.
La cantidad de horas que esta mujer dedica a su Ministerio es encomiable. La lástima es que se trata de un Ministerio que, por razón de su desorientación en el organigrama y su evidente falta de rumbo, se dedica a dar palos de ciego y ha encontrado en el adoctrinamiento sexista y la discriminación positiva un filón en el que justificar su razón de ser.
La última de la Ministra del igualitarismo a ultranza ha sido crear una serie de materiales didácticos para la campaña Educando en Igualdad que tiene entre sus objetivos fomentar la igualdad entre niños y niñas y prevenir la violencia doméstica. Así, se creará un grupo de formadoras (es curioso, serán mujeres y no hombres, buen ejemplo de igualdad) que se desplazará a dos diversos centros educativos de las Comunidades Autónomas para adoctrinar al alumnado en la construcción de valores en igualdad entre mujeres y hombres y en la prevención de la violencia doméstica.
Con tan fausto motivo, aprovecharán para endosar una serie de materiales didácticos como guías para docentes en el que se ataca sin ambages el sistema educativo, que fue concebido para formar al alumnado en el marco de socialización patriarcal, en el que los hombres debían trabajar “en el ámbito público y las mujeres en el privado”. De paso, se inculca a los niños y niñas la idea de que deben desterrar los juegos sexistas. Lo gracioso del tema es que, cuando la progresía habla de desterrar juegos sexistas, en realidad lo que quieren es erradicar de raíz el mismo planteamiento y acción del juego, proscribiendo la secular tradición de que niños y niñas juegue por separado, sin que nadie se lo imponga, a aquellos juegos que más les apetece y más acordes con su genética y morfología, que dicho sea de paso, ES DISTINTA EN HOMBRES Y MUJERES POR MUCHO QUE SE EMPEÑEN EN DECIRNOS LO CONTRARIO. Eso es así y no es malo en absoluto. Sencillamente, es algo natural; la misma razón de la existencia de hombres y mujeres justifica el hecho de que seamos distintos. Estoy desde luego de acuerdo en la igualdad legal, formal y material, pero es de estúpidos pensar que somos EXACTAMENTE IGUALES, como estúpido es, partiendo de esa base, pretender hacernos creer, con calzador, en una igualdad llevada hasta sus últimas consecuencias.
No se libran los cuentos infantiles de esta locura igualitaria y para ello, las preclaras mentes ministeriales proponen desterrar de las bibliotecas cuentos tales como Blancanieves, la Bella Durmiente o la Cenicienta, aduciendo que son historias que colocan a las mujeres y a las niñas en una situación pasiva en la que el protagonista, generalmente masculino, tiene que realizar diversas actividades para salvarla. Ni un comentario al coraje de Caperucita Roja, que se la metió doblada al lobo y salió triunfante habiendo salvado ELLA SOLA a la abuelita enfrentándose (sola, repito) al chacal, por no hablar de la juerga que se corre Alicia en el País de las Maravillas, en el país de sus sueños, o de cómo las lágrimas, por lo visto medicinales, de Rapunzel devolvieron la vista a su príncipe azul y chapucero que la había perdido tras un encontronazo con la bruja hechicera (también mujer) que lo dejó k.o. y lo despeñó torre abajo (motivo por el cual perdió la vista el pobre).
Seguro que si sigo mirando las estanterías, encuentro un buen puñado de libros en los cuales sus protagonistas femeninas narran alegórica y metafóricamente como han sabido tirar del carro, mano a mano con los hombres durante toda la historia, en pie de igualdad realizando o completando la labor de aquellos mucho antes de que estas descubridoras del sexo femenino nacieran para venir a darnos la tabarra nada menos que con todo un Ministerio acerca de cosas que, o ya sabemos, o no nos interesan lo más mínimo.


















A esta ministra le pasa lo que al diablo cuando no tiene que hacer,que con el rabo mata moscas. Que se vuelva al flamenco y nos deje en paz…
Mucha igualdad pero como tú dices, solo para las mujeres y de manera disparatada.Nada que decir de las desigualdades entre Comunidades Autónomas en lo referente a fiscalidad,garantías sociales, estado del bienestar, etc.Este ministerio es una pura pantomima y sobra. No está más que para hacer relleno y contentar al lobby andaluz.
Zapatero erre que erre con su locura.
Esto está provocando hasta injusticias y agravios comparativos en el sector laboral. Ahora Aído propone incentivar la contratación de mujeres y eso tiene un claro tufillo inconstitucional.