Funcionarios

Funcionario desbordadoLa Ministra de Industria, Elena Salgado ha declarado recientemente que ya no descarta tocar el sueldo de los funcionarios lo cual, en Román Paladino quiere decir que el planteamiento de crecimiento cero o incluso recorte del sueldo del funcionariado español es una realidad tan cercana que casi podría darse por seguro, y si no, al tiempo.

En tiempos de crisis, este es un tema recurrente y, en cierta manera casi hasta algo lógico y racional, pero no por ello deja de ser tremendamente injusto y no sólo por el mero recorte en si, sino porque, debido a las circunstancias concurrentes, los funcionarios son siempre los paganos de todos los errores, desmanes y despilfarros de cualquier gobierno o, mejor dicho, de TODOS LOS GOBIERNOS.

El problema no es una congelación o recorte salarial, lo cual es ya de por si malo, sino que son los perjudicados últimos de un gobierno que, debido a su mala gestión general concede ayudas indiscriminadas a empresas y particulares, y al mismo tiempo recorta los  salarios de sus empleados en época de crisis,.

La cosa requiere poca explicación, pero nunca está de más un somero ejercicio de empatía. Imagínese usted que su empresa se dedica a prestar dinero al tiempo que le reduce su salario. No le parecería muy justo, ¿no?, pues más claro agua…

Parece ser que los ajustes presupuestarios siempre han de empezar por los mismos, por los funcionarios, porque de ellos sólo se trasluce que tienen un puesto de trabajo a perpetuidad, que sus empleos son una especie de edén al final de un canalón por el que caen, sin interrupción cantidades ingentes de dinero. Además, están hechos de una pasta especial que les permite ser inmunes ante la inflación y les facilita el pago de préstamos, letras y facturas. Cualesquiera que sea su nivel de ingresos, a ellos no les afecta la crisis.

Nadie parece darse cuenta de que el funcionario tiene un trabajo que desarrollar, como cualquier otro empleado, que ni se hace sólo ni va a venir nadie a hacérselo, que si no lo desarrolla o lo lleva a cabo mal, está sujeto a sanciones disciplinarias y que el estrés no distingue entre funcionarios y empleados de la empresa privada.

Nadie repara en el hecho de que, hasta que el funcionario ocupa su puesto, un largo y tortuoso camino de estudio y preparación le ha mantenido pegado a libros durante años hasta que, por fin, ha logrado una plaza en unas reñidas oposiciones, tanto más duras cuanto mayor es el nivel del puesto de trabajo al que pretende acceder.

Por el contrario, en la época en la que el ladrillo ha sido el rey del mambo en España, era normal contemplar como trabajadores del ramo, carentes incluso de estudios elementales, salían a comprar el periódico de los domingos en AUDI o MERCEDES y veraneaban a tutiplén dentro y fuera del país. No necesitaban estudiar, ni tener más conocimientos que los elementales que pueden exigírsele a un peón de obra y por el dinero no había problema, había mucho, había para todos y no se iba a acabar nunca.

Por supuesto, incluso en esa etapa de vacas gordas, la Agencia Tributaria sudaba la gota gorda para poder descubrir todos los fraudes que empresarios mayores, pequeños y particulares intentaban cometer con tal de no pagar o pagar lo mínimo al fisco, que al Estado nunca ha sido cuestión de regalarle nada. Un incremento salarial de los funcionarios incluso en ese escenario de bonanza económica habría sido visto como una provocación, como una desfachatez y un despilfarro por la población, una maniobra inconveniente para cualquier gobierno prudente en ejercicio.

Pero ahora, cuando el asunto esta jodido, jodido es cuando todos aquellos que creyeron en la fortaleza e inmortalidad del negocio inmobiliario y la economía española, vuelven la vista hacia el gobierno, hacia el Estado, pidiéndole una solución milagrosa que les permita seguir pagando las tropecientas letras del AUDI que le quedan por pagar.

Es ahora, en las vacas flacas, cuando todos tenemos que arrimar el hombro para sacar el país adelante, cuando parece ser que ese todos se reduce a la clase funcionarial de base, que lejos de disfrutar de la bonanza económica pretérita, con unos emolumentos lineales durante años y, porqué no decirlo, en no pocas ocasiones exiguos, se mantuvieron al margen de ese florecer económico que ha permitido a muchos, vivir muy por encima de sus posibilidades.

La moderación del gasto ha adolecido siempre de una egoísta miopía, porque no ha sido capaz de ver el despilfarro en altos cargos, vehículos, viajes, dietas, proyectos disparatados y fanfarronadas varias, y sí sin embargo en pensar que el funcionario, ese funcionario de base, mileurista incluso, que ficha y trabaja tanto como el que más para sacar a su familia adelante, gana suficiente, o quizás gana demasiado.

Si la cosa no fuese tan grave, todo esto me parecería un chiste, un chiste de funcionarios…

Comentarios a la entrada: (1)

Caroljunio 13th, 2010 at 11:17

Totalmente de acuerdo. Y también hay una frase que me fastidia mucho y parece que esté de moda decirlo, o que se siente uno más importante, sin sustancia alguna vamos. Delante de un funcionario: (Después de pedir de manera altanera alguna cosa detrás del mostrador) !Oye, que yo pago tu sueldo con mis impuestos! Que te dan ganas de contestar: !No te jode! Pues en ese caso yo soy mi propia jefa, ¿o te piensas que los funcionarios estamos exentos de pagar tributos?

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