¡Exprópiese!…
Bueno, después de una temporada en la que he estado ausente por diversos motivos regreso con renovadas fuerzas y mayor estupor si cabe dado el cariz que están tomando los acontecimientos que se suceden en esta pelota grande y redonda que no para de girar con nosotros dentro y a la que un día nos dio por llamar Tierra pero, que tal y como está el percal, más habríamos de llamar Barro.
Entre la $GAE, la crisis económica, la Comunidad Europea, el FMI y Zapatero, que tiene como para dedicarle una monografía bloggera a él solo y sus desvaríos, me tienen frito. Y me dejo cosas…
Pero para no ser repetitivo, quiero hablar esta vez de un personaje al que contemplo entre horrorizado y perplejo, que despierta en mi aprensión y carcajadas a partes iguales y del que, hoy por hoy, opino que debería existir una vacuna que nos inmunizase contra su perfidia e ignorancia, que de todo tiene (y en cantidad) este individuo.
Bueno, entre esto y la foto de la cabecera creo que ya habréis adivinado que me estoy refiriendo a un tal Chávez, Hugo Rafael Chávez Frías, Presidente, para mayor desgracia, de la que él mismo rebautizó como la República Bolivariana de Venezuela.
No voy a perder tiempo glosando su vida y trayectoria, que para eso ya tenéis abundante metralla en la red sino en una de las últimas tropelías de aquí el amigo, metido a urbanista a la manera que un socialista omnipotente como él entiende, es decir, despreciando, como punto de partida, la propiedad privada tan odiada por las mentes socialistas y comunistas de todos los tiempos a base sucesivas hipostizaciones deformantes de la historia social y humana.
El caso es que el camarada Chávez tiene un programa de televisión que pretende ser un acercamiento hacia sus gobernados, pero que sólo es una herramienta más de las muchas que el gorila rojo tiene a su disposición para satisfacer su infinita egolatría y egocentrismo, que destila en forma de píldoras de despotismo semanal configurando una conducta que debería estudiarse en las facultades de ciencias políticas como algo que NUNCA, NUNCA, NUNCA debe hacer un jefe de Estado, y no me estoy refiriendo al mero hecho de que un Presidente de Gobierno tenga un programa de televisión monográfico (que también), sino al contenido y las formas que Chávez despliega en los (a veces) más de seis horas que llega a durar Alo Presidente, tal es el nombre del engendro.
Sabido es que no hay mejor forma de enganchar a la audiencia que con un arranque potente de programa, y eso es lo que el revolucionario Presidente de Venezuela pretendió en la ultima emisión de su panfleto televisado. Además, lo que le añade más gracia al asunto es que, al igual que hace en el día a día de su vida, Chávez no usa guión en su programa y se maneja por impulsos, que son más disparatados cuanto más importante es la cuestión, y así sucedió recientemente al inicio de su programa número 351, cuando, paseando con su séquito de festivos plañideros, oyó como alguien se refería a una edificación cercana, cuyo único valor cultural residía en haber servido de vivienda al libertador Bolívar en su época de recién casado. Intrigado, preguntó acerca de la utilidad actual del inmueble, obteniendo por respuesta algo que, a ojos de un socialista con pedigrí es peor que un insulto dirigido a su propia madre: ¡negocios privados!…
La reacción fue inmediata. Cuan endemoniado a punto del exorcismo, Chávez se dirigió a su interlocutor para ordenar la expropiación de manera oral y fulminante del local, sin importarle lo más mínimo que su absurda y repentina decisión dejase, sin duda, sin medio de vida y subsistencia a varias familias entre explotadores directos del negocio, posibles proveedores, etcétera, a quienes que les destroza la vida y les condena a una ruina cruel, absurda y despótica.
En virtud de la legislación aprobada por este Napoleón bananero su Gobierno está facultado para hacer y deshacer a su antojo con las propiedades de los venezolanos con total impunidad y con el único requisito de una supuesta, difusa y pretendida utilidad pública que le habilita legalmente para expropiar su antojo cualquier edificio u objeto. Para eso sirve la “Ley de Propiedad Social“.
Sólo es necesario que esta pandilla irresponsable que forma el Gobierno chavista procedan a “declarar la utilidad pública y el interés social de bienes, materiales e infraestructuras que se determinen susceptibles de ser declarados de propiedad social, para asegurar la producción socialista“, aún a la manera burda y ordinaria de su líder es decir, de viva voz, para que se desencadene el drama que supone, para cualquier persona perder aquello en lo que ha invertido, a buen seguro, dinero e ilusiones, que supone gran parte de su futuro, su medio de vida y que ve desaparecer de forma despiadada, para mayor gloria de un gobierno cruel y unos objetivos absurdos, ordenado por un loco dispuesto a acabar con su propio país pretendiendo salvarlo de unos enemigos que no existen más que en su cabeza llevándolo, desde la prosperidad petrolífera de la que podría estar gozando a la miseria más absoluta ya no sólo económica, sino moral.
Es cierto que los avances sociopolíticos no suelen saltar vigorosamente de un continente a otro y que la memoria es obstinadamente débil, pero no por ello deja de ser menos doloroso el hecho de la inutilidad de los millones de muertos en los avatares de la historia contra las monarquías absolutas, los despotismos, las dictaduras y los sistemas de gobierno desquiciados.
Pinchando aquí podreis acceder al vídeo para de las tropelías de este indivíduo.
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Tela marinera