De cena…, a la Casa Blanca
A Tareq y Michaele Salahi no se muy bien como calificarlos.
Miro atribulado una de las fotos que tengo delante y veo a un matrimonio sonriente, vestidos elegantemente y entrando, confiados y con paso firme nada menos hacia las entrañas de la Casa Blanca, dónde, supuestamente les esperaba la cena de Estado que ofreció el martes por la noche el Presidente de los Estados Unidos al Primer Ministro indio, Manmohan Singh. Ahí es nada.
Hasta aquí, todo correcto, pero si tenemos en cuenta el pequeño detalle de que NO ESTABAN INVITADOS y que se colaron de rondón al evento a celebrar en la que se supone la morada más vigilada y protegida del mundo, la cosa empieza a torcerse.
Y de que manera…
Para mí, las mentes de estos dos pegotes de alto copete son dos arcanos. No se que narices puede pasar por la cabeza de dos personas para cometer tamaña estupidez como no sea un desmedido afán de notoriedad provocado, bien por simple estupidez y narcisismo o bien por las acuciantes deudas que tan pintoresca sociedad conyugal acumula.
Y es que este par son dos perlas de cuidado. Él, Tareq, hijo de una importante familia vitivinícola de Virgina, veterano jugador de polo no paró hasta que arrebató a su madre Connie el control de la bodega familiar en 2007 y todo para que, en un solo año y gracias a la brillante gestión del mozo, la bodega se ha declarado en bancarrota, acumulando unas pérdidas interanuales de más de un millón y medio de dólares o lo que es lo mismo, dejando de ingresar 48,5 veces menos la cantidad del año anterior. De ella poco se sabe, al parecer se dedica a la vida contemplativa, a pasear sonrisa por las recepciones de la alta sociedad local y proveer de ideas la vacía cabeza de su marido.
A esto hay que añadir 16 demandas judiciales entre ambos que van desde multas de tráfico hasta denuncias por estafa al contratar el recinto de la bodega para bodas (Oasis Winery) y reclamar posteriormente a los futuros contrayentes una serie de gastos no previstos ni presupuestados, amenazándoles (ya puestos…) con suspender la boda si no pagaban. Tampoco son moco de pavo las decenas de miles de dólares en deudas del pasivo conyugal.
En fin, esta claro que de estos dos angelitos cabía esperar cualquier cosa y, como parece que se aburrían hasta la fecha de su inclusión en un reallity show en el que iban a participar y que, de ordinario, el aburrimiento no suele ser muy rentable, supongo que a estas dos mentes preclaras no se les ocurrió otra cosa que colarse en una cena de Estado, nada más que en la Casa Blanca y nada menos que en un homenaje a un Primer Ministro, poniendo en peligro la seguridad nacional de un país, la vida de otras personas y la suya propia (que ya sabemos cómo se las gastan los norteamericanos y más desde el 11-S) para acabar rematando la faena publicando las fotos del evento en su perfil de Facebook.
Ahora todo es asombro y cachondeo, claro, máxime si tenemos en cuenta que, según han relatado ellos mismos a los medios de comunicación, consiguieron explicar a uno de los primeros controles de acceso al recinto presidencial que el motivo de que sus nombres no apareciesen en la lista de invitados se debía a que eran unos invitados de última hora. A mi me parece que el Servicio Secreto ya no es lo que era y el fallo es imperdonable, porque, por más que nos digan que, para entrar, fueron sometidos a nosecuantos controles de seguridad, escáneres y otras pruebas, no es menos cierto que, con cualquiera de los artilugios, menaje de cocina incluido que el matrimonio Salahi tenía a su disposición y alcance, verbigracia cualquier cuchillo o tenedor, bien podían haber inflingido serias heridas al matrimonio presidencial, pongamos el caso, y así lo han manifestado varios de los asistentes legales a la cena.
En fin, la Reina de Inglaterra ha debido suspirar aliviada, acostumbrada como está la mujer a que se le cuelen hasta la misma cama Real de su residencia del palacio de Windsor pensando que, por una vez, el pitorreo general no va con ella.
Sea como fuere, lo cierto es que estos dos se la han jugado y bien, porque ahora se enfrentan a dos posibles delitos, ya que las leyes federales consideran como un acto criminal dar falsos testimonios a sabiendas en asuntos que afectan al Gobierno Federal, lo cual aclara sobremanera mi duda inicial acerca de la calificación que debo dar a esta pareja.
Simplemente, estos dos son gilipollas…
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