Panem et circenses

El PSOE de fiestaYa en el siglo I, el poeta romano Juvenal describió en su Sátira X (81) como panem et circenses la costumbre de los emperadores romanos de regalar trigo y entradas para los juegos circenses (carreras de carretas y otros) como forma de mantener al pueblo distraído de la política.

A menudo en España esto del pan y circo se ha venido solventando dando a las masas fútbol y más fútbol, pero como en la vida todo es innovar y los políticos son una raza de natural narcisista, la facción socialista del politiqueo patrio ha decidido dar una vuelta de tuerca más al tema del entretenimiento pastoril y ha transformado uno de sus mítines con un espectáculo al más puro estilo americano que ya quisiera para sí Obama cuando no tiene nada que decir, como es el caso.

La cuestión es que, puestos a entretener al vulgo con fútbol y otras sandeces que, al fin al cabo, lo que hace es únicamente distraer su atención, los socialistas han debido pensar que, mejor que atontar al pueblo, mejor es encantarlos hacia la figura de uno mismo y del partido, porque, así, no sólo se distraen y no reparan en cuestiones nimias como la crisis, el paro, el terrorismo y la corrupción, por citar sólo la punta del iceberg, sino que, además, les permite recrearse y babear ante tamaño espectáculo dedicado a la alta política. Negocio redondo.

Y con tan fausto motivo, los socialistas han movilizado este fin de semana a toda su plana mayor, sacando a todos para participar en el akelarre mediático nada más y nada menos que a las dos vicepresidentas, presidente, vicesecretarios generales, a la  secretaria de organización y a toda la ejecutiva. También estaban todos los presidentes de las comunidades autónomas donde gobierna el PSOE; todos los secretarios regionales del partido y hasta viejas glorias como Felipe González, Juan Carlos Rodríguez Ibarra y un buen número de ex ministros (entre ellos, José Barrionuevo). Juntos como hermanos han acudido al primer mitin que, desde que se abrió el curso político, ha dado José Luís Rodríguez Zapatero en su calidad de secretario general del PSOE.

El despiporre oiga. En un marco como el Palacio de Congresos del Parque Juan Carlos Primero, se dieron cita tres mil almas socialistas para asistir a un espectáculo circense con presentadores, sonrisas, aplausos banderitas, confeti y hasta una alfombra roja por la que, poco a poco, iban apareciendo los Mesías del partido desde el backstage hasta el escenario principal, todo ello bajo una atronadora banda sonora perpetrada por un grupo musical en directo. Ríete tú de los Rolling.

Todo precioso y calculado hasta el más mínimo detalle. En su camino hasta el escenario, cuasi levitando, los presentadores iban preguntando a los lideres de este país sobre cuestiones acerca de sus respectivas gestiones.

Así hablaron la Ministra Elena Salgado (la de los cuatro millones de parados), la Vicepresidenta Primera De la Vega (la del empadronamiento irregular en Valencia), la Ministra Chacón (la del ridículo del Alakrana), el Presidente del Gobierno andaluz (el del falseamiento de los datos del PIB para que no se vea la crítica situación económica de Andalucía, a la cola de España) y se libraron de hablar (probablemente dando gracias a Dios) Felipe González y Juan Carlos Rodríguez Ibarra, aunque este último bien podría haber hablado de los novedosos y a buen seguro exitosos talleres de masturbación de la siempre pujante Extremadura.

La apoteosis  llegó, como no, cuando apareció el líder supremo, el amo, el estadista de la alianza de civilizaciones, padre de todos los hispanos desde los primitivos íberos hasta los que hayan de nacer en mil años, el dios de las mentes preclaras, oráculo que ha de hacer de España (perdón, de éste país) la primera potencia mundial antes de fin de (este) año y su esposa, la vaporosa Sonsoles. En el momento de esto escribir me cuentan que todavía hay ingresados por fracturas en las manos debidas a lo vigoroso y encendido de los aplausos.

¿Y para qué tanto boato?…, os preguntareis…

Buena pregunta, pardiez. Pues para nada, o mejor dicho, para proclamar a bombo y platillo una cosa que nuestro Presidente ZP ha discurrido (seguro que él sólo, por lo simple, digo…) y que se llama (sic) La Ley de Economía Sostenible que pretende, al parecer, un cambio del modelo económico. Para ir abriendo boca, os diré que se trata de un cambio pero sin cambiar nada, es decir, una fórmula magistral para aumentar los ingresos al tiempo que aumentan los gastos pero sin acometer una reforma laboral ni económica. Sin menoscabo de los sueldos, pero sin que las empresas pierdan competitividad ni rentabilidad. Una disminución de los horarios laborales pareja a un incremento de la productividad individual que haga millonarios a empleados y trabajadores a un tiempo. Sé que la mayoría de quienes esto lean no serán catedráticos en economía, por lo que, para explicarlo de una manera clara, usaré una frase que cualquiera entiende… experimentos con gaseosa. Eso es lo que el señor Zapatero nos promete una vez más. Nada, demagogia, tinta derramada, tiempo perdido.

Que listo era Juvenal, que vio venir a Zapatero. Seguro que, desde su tumba, dónde quiera que esté, reirá complacido al ver que, la nómina de fakires, escupefuegos y encantadores de serpientes nunca cesa, como tampoco cesa la muchedumbre que les sigue, les aplaude y vocifera al resplandor dorado de los denarios caídos del cielo.

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